12.16.2007

El crepúsculo de heterolandia, mester de jotería

Entrevista con Antonio Marquet
Por israel Pintor


Antonio Marquet está formado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el Colegio de México, las Universidades Sorbonne y Jussieu de París y el Centro de Investigaciones y Estudios Psicoanalíticos. Ha tomado diversos cursos de actualización en University of California en Berkeleye; John Hopkins University en Washington D.C. y la Universidad Pedagógica Nacional en Santa Fe de Bogotá.
Realizó una estancia posdoctoral en la Universidad de Montréal. Ha trabajado como profesor de español en la Academia de Versailles; como profesor visitante en Austin College, en Tulane University y en el Instituto Matías Romero de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Desde 1983 es profesor-investigador en el Departamento de humanidades de la UAM, Azc. y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Autor, hasta la fecha, de dos estudios sobre la cultura gay en México editados por la UAM.A.
Antonio y yo hemos mantenido contacto virtual desde hace ya algunos años (desde que comencé el Movimiento por la Diversidad Sexual de la UAM-X, aproximadamente) y, hasta hace pocos días, en la entrega de los premios a la investigación 2007 que otorga la UAM –dónde por supuesto Antonio fue uno de los galardonados-, tuve el placer de compartir con él unos momentos personalmente. Ese día hicimos cita para realizar la siguiente entrevista.

En el Liminar de tu más reciente publicación, comentas que el objetivo del libro es documentar el fin de una era y el comienzo de otra… ¿Piensas que las circunstancias históricas que vivimos están marcando el fin de la era heteronormativa y el inicio de la era de la jotería? ¿Por qué jotería, háblanos también de la resignificación que buscas de esta palabra?

En primer lugar quisiera agradecer tu lectura.
Los periodos históricos no son tan marcados: no terminan en un día. La era heteronormativa tendrá larga vida. Yo no anuncio el término de la heteronormatividad para nada: a lo que aludo con “heterolandia” es al ocaso de la institucionalización de la cultura bipolar, de la familia única, de la heterosexualidad como único destino posible y deseable. Cada vez es más fuerte el efecto grotesco de los discursos que sostienen tales posturas: como esa masa de fanáticos en las escaleras de la Asamblea de representantes que coreaban con rostros desencajados el día de la aprobación de las sociedades de convivencia: “Hombre y mujer: eso debe ser”. De lo que hablo es de una actitud diferente, de una determinación por parte de la comunidad LGBT que se ha quitado la mordaza. Ahora la comunidad gay exige derechos en los ámbitos que tradicionalmente se utilizaron para perseguirla. Si antes la medicina patologizó a la homosexualidad; ahora hay un alto número de denuncias contra prácticas médicas estigmatizadoras: por ejemplo que se marquen los expedientes de un paciente con VIH; o que los hospitales nieguen servicios…

Por otro lado, las sociedades de convivencia representan un cambio radical en el terreno legal. No estamos satisfechos con lo poco que se ha logrado pero es un inicio en firme. Por otra parte, el descrédito del discurso eclesiástico es enorme al grado que se repliega a un bunker vigilado por cámaras, con muros policiacos y una sofisticada red de vigilancia, de la que carece el pueblo de México, para su seguridad. En estos terrenos, la homosexualidad había sido criminalizada, patologizada, convertida en pecado.

Se trata de una nueva época porque la comunidad gay ha tomado la palabra. Y para limitarme al terreno de la cultura, ha enriquecido el terreno de todas las artes no sólo con temáticas, sino con un estilo, con un tono, con una actitud. Esto es el inicio de una revolución. De allí proviene mi optimismo de que en esta época asistiremos al surgimiento de un auténtico Mester de jotería: a la manera del Mester de juglaría con el que comienza la literatura en castellano.

En cuanto al término: Juglaría – jotería: el juego por homofonías resulta divertido… No se trata de resignificar una palabra. Hay que hacerlo con muchas otras palabras y, por supuesto, ir más allá de las palabras. Lo importante es la actitud frente a la injuria heteronormativa. Si transformamos sus injurias en palabras emblemáticas ¿con qué se quedan? Por supuesto inventarán nuevos insultos; también nos reiremos de ellos. A lo que se apunta no es a palabras aisladas sino a la segregación, a la discriminación, a la relación de desigualdad que instaura la injuria, lo cual es incompatible incluso con el simulacro de régimen democrático tras el que se parapetan los conservadores…

La comunidad gay promueve que la sociedad en su conjunto cobre conciencia de sus palabras, de la ausencia de equidad que promueve el insulto, la estigmatización: joto, naco, pinche vieja, tortillera, ser-un-peligro-para-México… son actos de violencia.

Citándote del prólogo: “Hace menos de un siglo, todavía se proyectaba la sombra de una soledad melancólica e inevitable sobre la homosexualidad… La infelicidad provenía del desamor”. Esto me lleva a preguntarte: ¿cómo se ha visto modificada esta situación actualmente, es decir, ahora la infelicidad proviene de otros factores? ¿Cuales?

No sé si felicidad o infelicidad sea el mejor parámetro… Además de que discursivamente la sociedad había negativizado a la homosexualidad tajantemente volviéndola un pecado, una enfermedad o un crimen, además de esto, se decía que el homosexual moría solo y era infeliz: esto formaba parte del estereotipo. La heteronormatividad se había apropiado de la felicidad: el ser humano sólo podía ser feliz con esposa e hijos y de allí ir directo al cielo (patriarcal). Basta con ver los rostros alelados de una familia paseando por un centro comercial un domingo por la tarde para saber que esa felicidad (estúpida) es más que relativa… También se creía que la satisfacción se alcanzaba en la penetración y el orgasmo. Sin embargo Freud erotizó el cuerpo del niño. Lo describió como un perverso polimorfo; habló de zonas erógenas…

Volviendo al presente, la felicidad se construye desde otra perspectiva. Desde mi punto de vista se construye con un compromiso con el propio deseo; con la responsabilidad del sujeto con su deseo. Realizarlo cuesta, y es caro, y hay que estar dispuesto a pagar por satisfacerlo y claro a crear el capital emocional para tener con qué pagarlo y realizarlo. También hay que tener conciencia de la labilidad del deseo… Cavafis insistió, sin embargo, en la importancia del camino en “Ítaca”.

Dices de los famosos cuartos oscuros, cito: “han promovido una versión exprés de la vida amorosa”. Estos espacios resultan importantes para la comunidad LGBT en muchos sentidos, pero mejor háblanos de ellos, a qué te refieres cuando dices que son una versión exprés de la vida amorosa.

Muchas veces lo hemos hecho y lo hacemos, pero ¿podemos salir del cuarto oscuro y dejar al otro atrás? O deberíamos incluirlo en la satisfacción de nuestro deseo. Creo que hay que responsabilizarse con el otro, incluirlo. La satisfacción o la insatisfacción, la felicidad o la infelicidad, no son individuales, ni narcisistas. Tiene que incluir al otro en un pacto de convivencia… ¿o no?

Me parece que los cuartos oscuros fueron inventados para promover el contacto con el otro. Una forma más directa y rápida de acercarnos epitelialmente con el otro. Esto es una maravilla, pero ¿después del contacto qué…? Me parece que diez, cien o mil contactos no te llevan a ningún lado, si no se busca sino el contacto. En primer lugar porque la vida no es una cuestión de cantidades. Por otro lado, el sujeto es algo más que epitelio; busca algo más... El cuarto oscuro es un punto de partida; no es un estacionamiento ni el único horizonte de la subjetividad gay.

Quiero decirte que El crepúsculo de Heterolandia es una serie de ensayos elaborados desde 2000 al 2006. Tiene un prólogo en que reflexiono sobre la vida amorosa del año 2000. En particular, desde mi situación personal. Había terminado una relación muy larga de casi treinta años y me sentía particularmente infeliz: como un perro callejero vagando sin rumbo. Un punto de anclaje fue sin duda el cuarto oscuro: no niego su erotismo, el carácter transgresivo contra la institución noviazgo-compromiso-matrimonio-y-vivieron-felices-con-muchos-hijos-y-nietos. Sin embargo, hay una insatisfacción que me dejaba y que yo supongo que deja en muchos. Reflexiono sobre mi situación particular que caracterizaba a través de la dicotomía de tener fuertes lazos afectivos con mis amigos sin que hubiera nexos similares construidos, no en el cuarto oscuro (no hay que pedir peras al olmo), sino a partir del cuarto oscuro. Por un lado el sexo casual, en cuartos oscuros, en baños, en vapores (¿una forma de mantener el closet?)… por el otro, la solidez de las relaciones amistosas. ¿No hay manera de equilibrar esta “desproporción” por lapsos más grandes? Yo creo que sí. Ahora vivo con otra pareja. Tenemos seis años. No digo que la infelicidad se cortó y ahora hay un periodo de felicidad… si pensara así me encontraría en Jotilandia pensando en la plenitud (o como decimos irónicamente, “se cree que es rica, famosa y feliz”). No. La pareja te obliga a cuestionarte en otros aspectos, de la misma manera que el cuarto oscuro te obliga a cuestionarte en cuanto a la disociación placer/afecto y en los retos para superar esa situación: no hay fórmulas. Lo importante radica en la capacidad de no sólo cuestionar a heterolandia, sino de cuestionarnos.

Hay una frase que me impresionó mucho, cito: “Las grandes escisiones, heterosexual/homosexual, día/noche, público/clandestino proliferan en el ámbito de la vida íntima del gay para apartar sexo y afecto”. Estoy de acuerdo contigo en que hoy en día, las relaciones entre “partners” gay, tienden más a lo amistoso que a lo amoroso… ¿Quisieras ahondar más sobre esta idea?

Para algunos la disociación es una solución. Para mí no: es despilfarro de energía, que se pierde en sostener diferentes teatros; es sobre todo la necesidad de vivir en teatros, y la pluralización de los clósets…

La lógica de los mercados tiende a colocar todo en departamentos separados: por un lado las verduras y por el otro la carne y los lácteos. El ser humano debe comportarse de esa manera: serio y productivo en el trabajo, cariñoso en su casa; con los amigos ser otro tipo de escape… Esto resulta grave, mucho más grave, cuando se pasa al género, a la clase social o a la raza: las mujeres en la casa, el hombre en la política; los pobres en su ciudad perdida y los ricos en su campo de golf bardeado y electrificado; los indios y mestizos estamos en la base de la pirámide social; los criollos en el gobierno y en la cúspide de la pirámide. El lema foxista “Un gobierno de empresarios para empresarios” publicita cínicamente a la exclusión. Por ello creo que, en la medida de lo posible, el gay debe ser gay en el trabajo, en la polis, en la casa y en el bar. Ser gay en el bar, actuar como buga en el trabajo y en la familia me parece que lleva a un desgaste emocional enorme, aunque reconozco que para muchos no habría por el momento otra opción. Hay que unificar la energía pulsional para crear otras maneras de inclusión, otra sociedad y no gastarla en teatritos que a nadie convencen y nos convierten en sujetos, en actores que representan, siempre mal, un papel.

Las décadas de los ochenta y noventa, como tú bien sabes, fueron desastrosas política, económica, cultural y sentimentalmente hablando para la comunidad gay internacional. ¿Crees que actualmente esta crisis se está superando, cómo está sucediendo, qué factores lo permiten?

Pienso que vienen épocas más duras en otros aspectos. La visibilidad promueve nuevos problemas y nuevos ataques justamente porque estamos en la plaza pública. Seguramente los crímenes de odio continuarán; habría que considerar el riesgo de que pudieran proliferar. El problema sobre todo es de educación. Abandonada a la suerte del peor sindicato (corporativismo que antes denunciaba el panismo), el gobierno enfatiza una educación focalizada en la información, la ciencia y la técnica. Y esto lo hace de una manera muy insuficiente: los resultados son lamentables. Sin embargo, no se enseña a CONVIVIR, no se enseña el respeto a la diferencia que resulta tan importante como adquirir información o una formación. Por otro lado, desde los medios masivos se difunde el encono con las campañas negativas de difamación. El gran hermano, por ejemplo, promueve que excluyamos: que votemos para expulsar a alguien. ¿Se ha detenido alguien a pensar en la aberración que es esto? Esa es la educación: excluir, expulsar, aislar. Entran miles de llamadas para excluir y se alienta a los mismos integrantes de una comunidad a que eliminen a alguien: es la regla. En este contexto, “gana” el que se queda hasta el final. Esto significa un empobrecimiento y la destrucción de la convivencia. “Gana” dinero y diferentes premios, reconocimiento, fama, mientras se ha perdido la oportunidad de vivir en una comunidad.

En la comunidad gay también nos entregamos pasionalmente al juego de las exclusiones: la draga detesta a la vestida, el gay musculoso de gimnasio al oso; los gays a las lesbianas, las lesbianas a los gays, el gay al bisexual…

No hay signos de superación de la crisis. Por el contrario, hay una profundización de ella que se traduce en una balcanización de la comunidad gay: se hace énfasis en la diferencia y con base en ella se excluye al otro. Me parece que la “lógica” depredadora del bigbroder está triunfando. Frente a este callejón sin salida, la cultura es un posible tránsito. En todo caso hay que hacer un frente común ante los avances del conservadurismo que se mantienen aun ante sus evidentes deficiencias.

Desde tu punto de vista, ¿Qué tanto ha aumentado la visibilidad de la comunidad gay en nuestro país, particularmente en nuestra Ciudad de México? Y ¿qué tanto esto beneficia a la misma comunidad?

La visibilidad ha aumentado sin duda. Se han ganado para las nuevas generaciones ciertos espacios públicos que hay que defender. Ningún logro es permanente. Hay que recordar que Berlín vivió un momento de apertura clausurado por el nazismo.
Actualmente las estrategias conservadoras constituyen un motivo de preocupación, que no se percibe en la comunidad gay que cree votar en función de intereses de clase sin observar la asociación de los grupos conservadores con la iglesia, institución que está en contra de que el sujeto elija libremente. En la actualidad todo se organiza en términos de cruzada: cruzada contra el narco, cruzada por Tabasco… no hay que preguntarse para cuándo organizan una cruzada contra la comunidad gay: la están haciendo al promover una sola religión, una sola familia, una sola verdad: nadie puede negar la imbecilidad del foxismo; la impunidad promovida desde la corte suprema y el despilfarro de los recursos petroleros utilizados para pagar una burocracia cara, al servicio de una decena de familias (que incrementaron sus fortunas bajo la égida foxista) y que únicamente el ejército vio incrementado su salario notablemente…

Dedicas este último material bibliográfico a explorar algunos espacios creados por aquellos que han decidido dar una respuesta creadora a la marginación, la persecución y la injuria que significa vivir en Heterolandia. Háblanos de lo que la gente encontrará en El Crepúsculo de Heterolandia, Mester de Jotería

Encontrarán un punto de vista personal sobre todo lo que hemos visto y sentido en los escenarios de la cultura gay en México. Una reflexión sobre el amor en tiempos del cuarto oscuro, sobre la quimiotización de nuestra vida ya sea para sobrevivir con VIH o para modelar el cuerpo (nalgas, tetas, bíceps). Encontrará fotografías de las marchas que son una manera de incluir a la masa gay y una forma de percibirnos como una comunidad que se apodera del espacio público de manera festiva y carnavalesca pero con pie firme. Como una comunidad que se ha puesto en marcha con un destino que es el zócalo y que quiere ser recibida por las autoridades capitalinas como una forma de reconocimiento y para que escuchen los puntos de nuestra agenda cultural, social, política. Encontrará el lector una reflexión sobre pintura, literatura, cine, sobre las semanas culturales del Chopo y crónicas sobre la fiesta travesti de la virgen de la Merced… encontrará la determinación porque nuestra vida cotidiana comunitaria no se pierda en el olvido y una invitación para que escriba sobre todo lo que no está, lo que hace falta en este libro y que es mucho…

El crepúsculo de Heterolandia… es una reflexión de algunos aspectos de la cultura gay desde mi punto de vista, desde mi cuestionamiento del 2000-2006, desde mi circunstancia subjetiva. Las hipótesis que arriesgo en el libro sobre diversas obras son subjetivas, vienen de circunstancias emotivas determinadas. El crepúsculo… es un testimonio sobre lo que alcancé a ver. No puede considerarse completo ni medirse en relación con una verdad absoluta y eterna, objetiva, medible y comprobable. Eso es lo que vi, lo que pensé. Y como tal se planta frente al lector para promover un “y tú ¿qué piensas? “Y tú ¿qué viste?”

Para finalizar, me gustaría que nos regalaras unas palabras sobre lo importante que resulta la producción y consumo de cultura en nuestro país, particularmente, sobre el beneficio que estas dos acciones producen en el colectivo LGBT…

¿Cómo pensar en la trayectoria del vampiro sin Luis Zapata? ¿Dónde hubiera quedado ese registro sin la novela? ¿Cómo hubiéramos sabido de la infección de Arenas sin Antes que anochezca? Arenas sería parte de la estadística. ¿Qué sabríamos de la seropositividad de Oswaldo Calderón, de la carrera de una travesti sin Lo que el virus se llevó;? Oswaldo afirma que lo esperan después de la función para intercambiar experiencias… ¿o del duelo sin Salón de Belleza de Bellatin? ¿Qué sabríamos de la crónica cultural y social de México sin Novo? ¿Cómo acceder a la poética del clóset sin descifrar los misterios que envuelven “Nocturno de Bujara” de Pitol? ¿No nos faltaría una cuerda emocional sin Lo marginal en el centro de Monsiváis? ¿Las noches en el Tom’s serían lo mismo sin los gogo-dancers, o las del Buttergold sin el Internacional Show Acapulco?

La cultura es un acto comunitario por excelencia. Al dirigirse a una comunidad, la consolida, multiplica los lazos simbólicos; al mismo tiempo que la cultura procede de la misma comunidad, es su expresión, su emblema. La cultura LGBT es un espacio de encuentro en el prolongado proceso de consolidación de una comunidad, y por ello mismo es un registro histórico privilegiado. Por otra parte la cultura LGBT cumple con muchas funciones sociales en tanto que cuestionamiento, interrogación al canon excluyente heteronormativo. Es una búsqueda de nuevos horizontes al tiempo que favorece el encuentro de todos los LGBT que han iniciado caminos, ajenos a los terrenos hollados en heterolandia.

La cultura es un espacio para la subjetividad misma que ha sido excluida de todos los espacios en la sociedad contemporánea donde campea desde la objetividad al simulacro. Es el espacio en el que podemos acceder a lo más profundo de nosotros y del otro. No en el cuarto oscuro, no en la vida pública. En ese espacio simbólico encontramos el goce sexual, el perreo, la enfermedad, el humor… y cómo se viven; en la cultura encontramos la efusión lírica y la rabia, el duelo y la ironía, el ingenio y la injusticia, el sufrimiento y el goce, historias que nos son ajenas o afines, conocidas o inimaginadas… que nos enriquecen… pero no sólo encontramos el ancho caudal de la vida subjetiva sino la manera en que reaccionan frente a ella los personajes: y nosotros los lectores, el público expresamos nuestras simpatías y diferencias.

Antonio Marquet presentará El crepúsculo de Heterolandia, Mester de Jotería durante la 1ra Muestra de libros LGBT en la UAM-X.

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